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MICAELA BASTIDAS

 

Micaela Bastidas Puyucawa, mártir y heroína peruana  nació el 23 de julio de 1744 en Cuzco y murió asesinada por liderar la rebelión de 1780 contra la opresión española.

 

Muy joven se casó con el cacique José Gabriel Condorcanqui descendiente del último inca,  más conocido como Túpac Amaru II con el que tuvo 3 hijos el mayor de los cuales se cree nació cuando tenía 16 años.   José Gabriel era un próspero comerciante con ciertos privilegios que le correspondían a su casta, siendo una familia  acomodada.

 

Desde muy joven conoció el abuso cometido por las autoridades españolas, como la marcha forzada de indios a las minas, violación de las indias por amos y soldados, asesinato quienes tímidamente alzaban la voz,  entre otros abusos. Por todo esto, en 1780 Túpac Amaru II dio el primer grito de libertad y difundió una proclama independentista, dando comienzo a la rebelión en la que desde el inicio interviene Micaela arengando y reuniendo contingentes de indios.

 

“Para mi hubiera sido fácil ser feliz, de haber podido huir de la realidad de los míos. Tan atroz. Vivir, pasando por encima de todo, sin sentir los golpes ajenos, encerrada como en el caparazón de una tortuga, compartiendo mi pan con los asesinos de mí pueblo, a cambio de que me llamaran señora (…). Y aunque el amor a mis hijos debiera haberme apartado de esto, no lo he hecho, porque tengo la convicción de que, a pesar de ser casi niños, están de acuerdo conmigo” (creación literaria - Barrionuevo 1976: 20).

 

Ella fue la principal consejera de Túpac Amaru y aunque él actuó por decisiones propias, en muchas de sus ideas e iniciativas aparece la figura de ésta enérgica y valerosa mujer, que por méritos propios perteneció a la junta que dirigió la insurrección.

 

Cuando Túpac Amaru parte con su ejército para levantar las poblaciones del sur hasta el Alto Perú, ella queda al frente  en Tungasuca revelándose como la gran líder que era, de ello ha quedado constancia en las numerosas cartas enviadas por caciques, “Son cartas destinadas a informarle cuestiones puntuales; también solicitudes de justicia a través de las cuales se advierte que tenía autoridad suficiente para dirimir, juzgar y sentenciar. En ellas la llaman: “muy señora mía”, “muy amada hermanita mía”, “amantísima y muy señora mía”, inclusive “señora gobernadora” (Guardia 1998: 137).

 

Era también  una estratega y se adelantaba a los acontecimientos, ejemplo de ello  se evidencia en la conocida la carta que envió a Túpac Amaru en la que además muestra su frustración por la falta de energía y coraje de su esposo.

 

  “Bastante advertencias te di para que inmediatamente fueses al Cuzco, pero has dado tanto a la barata dándoles tiempo para que se prevengan, como lo han hecho, poniendo cañones en el cerro de Piccho y otras tramoyas tan peligrosas, que ya no eres sujeto de darles avance…”.

 

Micaela era consciente de los movimientos enemigos y usaba su instinto para reaccionar y cambiar las circunstancias, por eso aconsejó a Túpac Amaru tomar el Cuzco en una fecha que ella consideraba estratégica, pero él ignoró su consejo dándole tiempo a los enemigos llegaran a llegar a la antigua capital inca.

 

Junto a ella una verdadera legión de luchadoras andinas, quechuas y aymaras idearon estrategias y dieron apoyo a las tropas y participaban también en la batalla, junto a sus hijos y maridos. Para ellas se trataba no solo de liberar a su pueblo de la explotación española, sino también de restablecer el rol de la mujer indígena con participación en la vida social y política, tradición que el sistema colonial intentó abolir convirtiéndolas en víctimas de todo tipo de abusos. Fueron líderes dentro del movimiento Cecilia Túpac Amaru y Tomasa Tito Condemayta,  la cacica de Acos, entre muchas otras.

 

“(…) sin la presencia de aquellas mujeres, ningún apoyo logístico habría sido posible: el transporte de armas, bagajes y municiones; el acarreo de víveres, agua y ropas; la preparación del rancho de las fuerzas combatientes; el levantamiento de las carpas o de rústicas chozas provisionales; el cuidado de los heridos y enfermos; el lavado y otras tareas de higiene elemental, fueron, entre otras, funciones de sacrificadas compañeras que participaron por decenas de millares en la sublevación” (Vega 1981: 523).

 

“Si ya era difícil aceptar una insurrección indígena contra el poder colonial, resultaba intolerable [para los españoles] que una mujer se impusiera de la forma que ella [Micaela Bastidas] lo hizo” (Sara Beatriz Guardia)

 

Luego del fracaso del ataque a Cuzco, Micaela Bastidas, Túpac Amaru y sus hijos fueron capturados y llevados a la Plaza de Armas del Cuzco para ser ejecutados uno a uno. Su muerte fue la consumación de un largo martirio que sus captores le infligieron mediante una serie de torturas sistemáticas con el fin de doblegarla para que delate a los que aún seguían impulsando la insurgencia armada.

 

Micaela además de ver morir a sus compañeros de lucha, amigos, parientes, como a su hermano Antonio, presencia la muerte de su hijo Hipólito quien le cortaron la lengua antes de ahorcarlo, luego ella sube al tablado luchando con sus verdugos hasta que fue sometida,  y frente a su esposo e hijo Fernando le cortaron la lengua, le echaron lazos al cuello que tiraban de uno y otro lado para estrangularla -porque su cuello delgado no alcanzaba al torno- y terminaron de matarla a patadas.

A José Gabriel José Gabriel, que antes también presenció la muerte de su segundo hijo, le cortaron la lengua, lo ataron por sus extremidades a cuatro caballos con jinetes que jalaban a cuatro distintas partes, tratando de desmembrarlo pero fue imposible debido a su gran resistencia física, por lo cual ordenaron que sea decapitado y descuartizado al igual que el de Micaela y sus partes enviadas a diferentes pueblos de la región para ser exhibidos en las plazas públicas, alertando a sus habitantes sobre las consecuencias de rebelarse.

La convicción de los ideales de justicia y libertad de MICAELA defendidos hasta la muerte, unida a su familia y luchando junto a su gente, convirtió su historia en leyenda e inspiración para la gesta independentista de América Latina y para las nuevas generaciones de mujeres que luchamos por defender nuestro derechos.